La Política con Mayúsculas.

Toda mi relación con el mundo agrario son un olivo, un mandarino y un limonero que planté en unos maceteros justo en la zona más reservada del patio. Cada uno en el suyo que para eso sí soy espléndido. Este otoño cumplirán un año y dudo que superen su segundo invierno si siguen esperanzados a mis cuidados. Tengo otras prioridades las cosas como son. Con semejante curriculum hablar de la PAC y su negociación es casi tanta temeridad como pretender que un día probaré las aceitunas, los limones o las mandarinas.

Leyendo todo lo que últimamente ha caído en mis manos sobre esa negociación tan crucial para nuestra tierra hay algo que sí he llegado a entender. No, no son los asuntos de cuotas, ayudas, compensaciones. Tampoco si ha ganado el sur de Europa o lo han hecho los contribuyentes netos de la Unión Europea. No tengo muy claro si los olivareros salen mejor parados que los del algodón o los de la remolacha. Pero si mi comprensión lectora sigue en suficiente estado de revista diría que  al campo andaluz le ha salido bien la estrategia planteada por las diferentes administraciones del Estado.

Por una vez todos los medios están de acuerdo, los objetivos más ambiciosos han sido conseguidos y mucha culpa de ese rotundo éxito es atribuible a lo que la sociedad lleva años demandando a voz en grito de nuestros políticos. Por lo que parece un Ministro del Gobierno de España y un Consejero de la Junta de Andalucía han decidido aparcar la política de titulares, que tanta ruina le ha traído a esta tierra, y se han dedicado a unificar criterios, establecer objetivos comunes y presentarse ante la Unión Europea con una sola voz. Ni el uno ni el otro se han pisado la manguera ni se han puesto la zancadilla. He llegado a dudar que sean compatriotas nuestros.

Pero como en esta vida todo se acaba y las lunas de miel tornan en hiel con un simple pestañeo, a esta demostración de política con mayúsculas le han puesto la proa y corre el riesgo de no superar este invierno político que se le echa encima. Mi olivo, mandarino y limonero tienen más oportunidades de sobrevivir a los helazos que llegarán aunque las chicharas ahora lo pongan en duda.

Los políticos con  minúsculas, de luces cortas y aspiraciones largas, se sienten incómodos cuando el éxito es compartido y prefieren brindar por el fracaso si corren el más mínimo riesgo de no acabar con la medalla en su pechera. Esta variedad que tanto abunda en nuestra tierra prefieren llevarnos de nuevo a la guerra de trincheras embarradas, en las que resto somos carne de cañón, antes que aparecer en una foto que ellos crean que le resta votos. La política con mayúsculas siempre fue flor de un día a lo largo de nuestra historia y así nos luce

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Acerca de jose luis zurita

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