Primarias con segundas

Raro es el día que no me pregunto que pinto yo afiliado al PSOE. Más raro es el día que no me pregunto que pasó por mi cabeza ese día de dos mil ocho para que, con cuarenta años a la cola, diese el paso para formar parte de una de las estructuras más anquilosadas y reticentes al cambio que gestionan nuestra renqueante democracia. Esas preguntas suelen atosigarme principalmente por la mañana con el periódico, el café y la tostada o ante cualquiera de los noticieros de televisión o radio con los que me fustigo sistemáticamente. Cada vez que leo una patraña lanzada desde estas siglas u otras, una excusa de mal perdedor de unos o los otros, o un mensaje patético que pretende justificar lo injustificable dudo entre si nos toman por indocumentados o por tontos de baba si encima pagamos cuota.

Sin solución de continuidad la barra de esa cafetería me recuerda que lo hice harto de quejarme de esos mismos atropellos intelectuales escuchados durante los últimos veinte años con indiferencia de las siglas que coronaba al insurrecto actuante sin más interlocutor que esa barra, el camarero o mi círculo más cercano.  La misma barra me recuerda también que di el paso harto de ver los toros desde la barrera pensando que, por formar parte de la maquinaria aún siendo invisible, aumentaba mi derecho al pataleo e, incluso, podría llegar a colaborar en hacer del partido lo que debería ser, una herramienta para la transformación de la sociedad en aras del bien común. Si elegí el PSOE es porque me dominaba, y así sigue, mi parte socialdemócrata con sus toques de liberalismo económico. Sí, esa ideología que tantos palos le dan últimamente de un lado y del otro. Palos de los que quieren planificar hasta la hora de ir al retrete y palos de los que creen que el mercado se regula solito como por arte de magia. Otra vez mi eterna equidistancia tuvo que salir a flote.

Durante todos estos años de militancia sólo en las elecciones municipales del dos mil once percibí que funcionaba la maquinaria, que no estaba gripada, que se escuchaba, que se trabajaba por mejorar las condiciones de vida del municipio, que no era algo guisado por unos pocos y servido en plato frío para el resto. Que nos arrasarán por mayoría absoluta no cambia mi percepción de aquellos días, el orgullo ser reparó en pocos días. De cómo fueron tratadas las bases para las generales y andaluzas siguientes mejor me callo que igual sube el pan, la leche y los huevos. El IVA que de estos productos sigue reducido.

Durante estos pocos años que dura mi militancia la sordera y ceguera crónica les impide ver que ya no valen avales, delegados, intermediarios ni otros paripés como estas primarias con segundas. No entienden, o no quieren entender, que para ser elegidos el votante debe percibir al partido como una entidad que sabe escuchar, proponer y diseñar soluciones para sus problemas. Y si no escucha y no atiende a sus militantes tomándolos sistemáticamente por menores de edad es fácil llegar a la conclusión que, pasito a pasito, no les votarán ni nuestros padres, hermanos y mucho menos amigos. Para primos ya estamos los militantes.

Con la estrategia del palo y la zanahoria, zanahoria con forma de conferencia política, llevan años mareando la perdiz y retrasando la única solución para estos partidos oxidados y ventajistas. Financiación transparente, primarias, listas abiertas, limitación de mandatos, un militante un voto, imposibilidad de concurrir cargo orgánico y público, respeto escrupuloso a la separación de poderes y un sinfín de puntos que ya todos nos sabemos al estilo de la lista de los Reyes Godos.

La última afrenta son estas Primarias Express. Sí, afrenta al menos para mí. Tomar una de las demandas más importantes de la militancia de base, la que debería ser el motor que regenere sistemáticamente a las personas, y descafeinarla a la carrera por unas prisas que no se explican más que para ungir a la candidata designada se le puede llamar perfectamente afrenta. Es por eso que prestaré mi aval al candidato que estimo más preparado para representar a Andalucía desde esa socialdemocracia apaleada y que, creo, ha comprendido que los años de marear la perdiz se han acabado. Son tantos los frentes que tiene Andalucía que lo último que necesitamos es que se siga dando prioridad al partido y sus cuitas por delante de los andaluces. Son tantas las batallas que debe librar Andalucía en España y Europa que quiero que me dejen votar a la persona que yo estime mejor preparada. Por eso lo intentaré una vez más dando mi aval de militante de base cansado de perseguir la zanahorias a Luis Planas Puchades, el mejor candidato de los tres que han dado el paso al frente.

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Acerca de jose luis zurita

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