El noble arte de pedir perdón.

Pedir perdón no está mal. Es un buen punto de partida si eres consciente en qué te has equivocado. Más allá de pisotones involuntarios y sucedáneos hay cosas por las que mejor no hacerlo. Los asuntos de cuernos y ruinas sobrevenidas son de esa categoría que el afectado prefiere perderte de vista y no escuchar. Coger las maletas sí es una opción. Aguantar el chaparrón y con hechos cambiar también pero si te las encuentras en la puerta, las maletas digo, mejor no insistir. Lo que no recomiendo es pedir perdón y una ristra de excusas de mal pagador, te arriesgas a no evaluar el motivo justo por el que has metido la pata apagando el incendio con gasolina.

Viendo el vídeo de unos chavales afiliados al PSOE demandando indulgencia pensé que se llevarían palos por tierra, mar y aire. Así ha sido. Unos se han ofendido por entender que el asunto es imperdonable, otros que ellos no son quienes para solicitarlo. De su misma trinchera les dicen que ahorren energía en el fuego amigo y que apunten la artillería hacía la acera de enfrente.

Puestos a pedir perdón soy de los que prefiero que lo hagan los titulares y no los suplentes. Si de pedir perdón se trata, de un partido progresista que ha gobernado más de siete años esperaría que lo pidiese por no haber luchado a brazo partido contra la evasión de impuestos y la economía sumergida. Para error mayúsculo por el cual yo pediría perdón como partido progresista sería no haber gastado unos euros, no creáis que muchos, en modernizar la justicia al estilo Agencia Tributaria consiguiendo la imprescindible rapidez si de impartir justicia se trata. Si realmente la intención fuese hacer propósito de enmienda no hubiese estado mal pedir excusas por no haber desmontado la partitocracia que ha oxidado todos los sistemas de control del Estado. Siendo un partido que se dice progresista me gustaría que lamentase haber desperdiciado dos legislaturas  sin equilibrar los impuestos de las pymes, autónomos y asalariados con las grandes fortunas y multinacionales. Si le rompes la nariz a un fulano sin querer no veo conveniente que le pidas excusas por mancharle de sangre la camisa. Vamos digo yo.

Somos frutos de unas herencias recibidas, Roma y el Cristianismo. De la primera nos está destrozando el clientelismo galopante. De la segunda nos hemos olvidado de las enseñanzas de un rabino que se reveló contra el poder injusto establecido y nos hemos quedado con el fácil recurso de pedir perdón cada domingo para empezar de nuevo a acumular motivos el lunes. Y así nos luce el pelo.

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Acerca de jose luis zurita

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